Humildad e impotencia

Written by Tamme on febrero 8, 2021 in Covid19 and Humildad and Pensamientos and Vista interna with no comments.

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Qué bien recuerdo cuando, antes del primer encierro -sí, eso fue hace casi un año-, se hizo un llamamiento a la reflexión interior. Encontrarse a sí mismo, utilizar el (sea lo que sea que signifique «utilizar el tiempo», eso podría merecer otra reflexión). Entrar en uno mismo, dejar que vuelva la calma durante el (primer) encierro. Aprovecha el tiempo de crisis para ti y para tu .

Sí, pensé en ese momento: eso es realmente algo bueno. Baja una marcha. Haz un examen de conciencia. Eso sería, no: ¡eso ES bueno!

Ahora, casi un año después, me pregunto: ¿dónde ha quedado el tiempo? Para mí, personalmente, ni rastro de desaceleración. Y podría haberlo controlado yo mismo, hasta cierto punto. Pero no lo hice. En cambio, seguí trabajando con normalidad. También porque estaba y estoy feliz de poder hacerlo. Cuántas personas tienen un trabajo de corta duración o incluso están en paro y se alegrarían de poder trabajar. Sin querer pensar ni hablar de lujos como «reducir la marcha» o «volver en sí». Porque eso es lo que hoy en día baja y vuelve a cambiar: el lujo.

Lujos que tampoco me permití el año pasado.

En cambio, me estoy dando cuenta de que ya estamos otra vez en febrero y sólo quedan 11 meses del año. Pero bueno, con las gafas de optimista puestas, el año aún tiene más de 330 días 😉

Aun así, me hace pensar. Que no haya bajado el nivel. Pero que el primer año de fue para mí un año como cualquier otro.

Al igual que los pensamientos de cambio me hacen pensar. Sí, creo que estamos en un estado de cambio. ¿Pero está relacionado con Covid19? No, no lo creo. ¿Lo ha acelerado Covid19? Puede que sí. Los humanos siempre hemos estado sujetos al cambio. A veces ha sido evidente y grave, otras veces se ha concentrado en individuos o grupos. Pero el cambio siempre ha sido y siempre será.

Sí, Covid19 me ha hecho cuestionar uno o dos de mis hábitos. En ese sentido, yo también he cambiado gracias a Covid19.

Y Covid19, o la acción política emprendida para combatir esta pandemia, han dejado su huella en nuestra sociedad y nos han cambiado como sociedad. Cambió nuestra cotidiana; y nuestro comportamiento. Al menos la de muchos. Incluso hoy en día hay personas que lo único que desean es poder volver a hacer un crucero, mientras que muchas otras se resignan cada vez más a su limitado radio de acción.

Este año hemos tenido que dejar a mucha gente sola.

No se nos permitía dirigirnos los unos a los otros como sociedad, como personas entre personas, de la forma en que estábamos acostumbrados, al menos las generaciones posteriores a 1945: despreocupados y sin preocupaciones.

Y al hacerlo, creo que Covid19 también cambió nuestra forma de pensar. Yo, al menos, ahora aprecio y extraño lo que ya no tengo desde Covid19.

Lo que me pregunto es: ¿cuáles de todos estos cambios en nuestra forma de pensar y actuar se habrían producido también si no hubieran sido impuestos por decretos políticos? ¿Hasta qué punto habría prevalecido la inercia inherente al hombre? Me temo que muchos de los cambios, especialmente en nuestros hábitos, no habrían llegado sin decretos. Y me temo que muchos cambios aún no son lo suficientemente mayores, lo suficientemente adultos, para ser permanentes.

Así que me temo que nuestro hábito de querer viajar nos alcanzará de nuevo después de Covid19, como si los efectos positivos a favor o en contra del cambio climático no hubieran existido. Y no, no me refiero sólo a los viajes privados. De hecho, tal vez sea el menor de ellos. Pero personalmente ya no echo de menos los viajes de negocios. Al principio, sí lo eché de menos, aprovechando la primera oportunidad tras el cierre para volver a visitar a los clientes. Pero ahora, casi un año después del primer cierre, tengo la sensación de que muchos de mis clientes también han aceptado que puedo prescindir de los viajes de negocios, incluso sin sentarme cara a cara con ellos.

Así que el año ha traído muchos cambios sin que yo los note como tales en este momento. Tal vez porque ya se han convertido en algo muy normal.

Pero esto no cambia el hecho de que ya es febrero y el tiempo corre. Aunque está (pasando) igual de rápido que ayer. O el año pasado. O el último milenio. Mejor debería haber escrito: es una carrera para mí. Porque no puedo usarlo como me gustaría. No: porque no puedo hacer todas las cosas que me gustaría hacer en el tiempo que me queda de vida. . Quizá también la impotencia. Eso, creo, es lo que resume lo que siento hoy. Impotencia ante todo lo que podría hacerse, o incluso debería hacerse, y sin embargo no se hace. No, el «puedes hacerlo todo» no es realmente útil aquí. Ciertamente, consigues hacer muchas cosas, y consigues hacer más cuanto más te propones querer hacer y ser capaz de hacer. ¿Pero todo?

No me falta la de reconocer que tengo que configurar mi vida con medios limitados, incluso con una vida limitada. Al contrario. A veces, tiendo a dejarme llevar por esa humildad. Sin embargo, junto a esta humildad hay otro sentimiento que no puedo transformar del todo: Impotencia.

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